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El estrés de una oposición: cuándo ayuda y cuándo deja de hacerlo

Aiora Blanco · 3 min de lectura

Estudiante en una cafetería con la mano en la cabeza frente al portátil y un libro

Cuando el estrés empieza a jugar en tu contra

Faltan tres semanas. Has repasado el temario varias veces, pero te sientas a estudiar y notas que la cabeza no termina de estar donde debería. Lees, vuelves atrás, te cuesta arrancar o tienes la sensación de dedicar muchas horas y avanzar poco.

No siempre es falta de motivación ni de disciplina. Cuando una etapa de exigencia se alarga durante meses, el estrés puede empezar a ocupar demasiado espacio.

El estrés no siempre es negativo

En momentos puntuales, cierta activación puede ayudarte a reaccionar, mantenerte alerta y responder mejor ante una demanda concreta.

El problema aparece cuando esa activación deja de ser puntual y se mantiene durante semanas o meses. Algo bastante habitual cuando preparas un examen importante, una oposición o atraviesas una etapa de mucha carga mental.

Cuando esto se prolonga, puede afectar a aspectos básicos que intervienen en el rendimiento: la calidad del descanso, la capacidad de mantener la atención, la sensación de fatiga o la facilidad para desconectar.

Y entonces aparece un círculo bastante conocido: cuanto peor descansas, más cuesta concentrarse; cuanto más cuesta concentrarse, más horas intentas compensar; y cuanto más se alarga la jornada, más difícil resulta recuperar.

Algunas señales de que conviene ajustar el ritmo

No hace falta llegar al límite para hacer cambios. A veces basta con fijarse en señales sencillas:

  • Relees varias veces lo mismo y sientes que no termina de quedarse.
  • Te cuesta desconectar al terminar de estudiar.
  • Llegas cansado al final del día, pero aun así te cuesta descansar bien.
  • Tienes la sensación de dedicar cada vez más tiempo para obtener menos resultados.
  • Te cuesta mantener la atención durante periodos que antes conseguías aguantar.

Qué puedes hacer 

Trabaja por bloques con principio y final
Estudiar durante periodos delimitados ayuda a evitar la sensación de estar “todo el día estudiando”. No importa tanto si son 60, 75 o 90 minutos: lo importante es que exista un final claro y un descanso real después.

Muévete con regularidad
No necesitas entrenamientos perfectos. Caminar, correr, nadar, hacer fuerza o cualquier actividad que te saque durante un rato del contexto de estudio puede ayudarte a cambiar de estado y recuperar energía mental.

Protege el descanso
Intentar compensar un mal día robándole horas al sueño suele salir caro al día siguiente. Dormir no es tiempo perdido de estudio: forma parte del proceso de recuperación y aprendizaje.

Reserva momentos para desconectar
Puede ser una tarde, una mañana o un día completo, según el momento de preparación. Tener espacios realmente libres ayuda a romper la sensación de exigencia permanente.

Habla con otras personas
A veces compartir cómo estás viviendo esa etapa, especialmente con alguien que entiende el proceso, ayuda a poner en perspectiva la situación.

No todo se arregla estudiando más

Cuando notas que una etapa de exigencia empieza a afectar de forma sostenida a tu descanso, tu energía o tu capacidad para funcionar con normalidad, la solución no suele ser apretar todavía más.

Puede ser momento de bajar, reorganizar prioridades, apoyarte en tu entorno y buscar los recursos para recuperar equilibrio.

Los hábitos siguen siendo la base: descanso, alimentación, movimiento y una planificación que puedas sostener en el tiempo.

Brain está pensado para acompañar etapas de alta exigencia, pero no sustituye ninguna de esas bases. Preferimos dejarlo claro.

En la ficha del producto puedes ver qué contiene, para qué está formulado y qué puedes esperar de él.

Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Si estás bajo tratamiento médico, consulta antes de tomar cualquier complemento alimenticio.

Estudiante trabajando en una biblioteca

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